La farmacovigilancia en España

La farmacovigilancia es un elemento fundamental en la seguridad de los medicamentos y la protección de la salud pública. Su función principal es identificar, evaluar y prevenir los riesgos asociados al uso de fármacos una vez que han sido autorizados para su comercialización. En España, tenemos un sistema muy bien organizado para asegurarnos de que los tratamientos médicos que reciben las personas sean eficaces y seguros. Hay organismos específicos que se encargan de que todo esto funcione correctamente.
Vamos a ver qué es la farmacovigilancia, cómo se organiza en nuestro país y cuál es el papel del Centro Nacional de Farmacovigilancia dentro de este sistema.
Definición de farmacovigilancia
Para entender el funcionamiento de la farmacovigilancia en España, es necesario comenzar con una definición de farmacovigilancia clara y completa. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la farmacovigilancia es la ciencia y las actividades relacionadas con la detección, evaluación, comprensión y prevención de los efectos adversos o cualquier otro problema relacionado con los medicamentos.
En otras palabras, es el sistema que nos asegura que, una vez que un medicamento está en el mercado y los pacientes lo usan, se siguen vigilando sus posibles efectos no deseados para garantizar que los tratamientos sean lo más seguros posible.
Por tanto, la farmacovigilancia no se limita únicamente a registrar reacciones adversas. También abarca el análisis de riesgos derivados del uso de medicamentos, la detección de problemas de calidad, la falta de eficacia, errores de medicación, interacciones entre medicamentos e, incluso, el mal uso o abuso de los mismos.
En las últimas décadas, este sector ha ganado muchísima importancia, porque cada vez consumimos más medicamentos, los tratamientos son más complejos y hay una gran necesidad de reducir al máximo los riesgos que conlleva usar fármacos.
La farmacovigilancia en España
La farmacovigilancia en España forma parte del Sistema Español de Farmacovigilancia de Medicamentos de Uso Humano (SEFV-H), una red estructurada que incluye tanto al nivel nacional como a las comunidades autónomas. Esta red está coordinada por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), que depende del Ministerio de Sanidad.
Cada comunidad autónoma cuenta con su propio centro de farmacovigilancia, estos centros se encargan de recoger, revisar y estudiar los avisos sobre posibles efectos secundarios de los medicamentos. Los avisos pueden ser realizados tanto por profesionales sanitarios (médicos, enfermeros, farmacéuticos) como por cualquier ciudadano. Para ello, existen diferentes plataformas, como la aplicación web NotificaRAM, que facilitan este proceso.
Toda la información que se recoge sobre posibles efectos secundarios de los medicamentos se envía al Centro Nacional de Farmacovigilancia. Este centro se encarga de analizar todos los datos de forma conjunta, elaborar informes de seguridad para saber si existe algún problema con un medicamento, tomar decisiones si es necesario, así como retirar un medicamento del mercado si es peligroso, hasta actualizar su prospecto con nuevas indicaciones o contraindicaciones para que las personas sepan cómo usarlo de forma segura. Veremos en detalle este centro más adelante.
Además, en los últimos años, se ha trabajado mucho para que la información sobre la seguridad de los medicamentos sea más transparente y fácil de encontrar para todos. En este sentido, la AEMPS publica regularmente boletines donde comparte datos importantes sobre la seguridad de los fármacos. De esta forma, la población y los profesionales pueden estar al tanto de cualquier novedad.
El Centro Nacional de Farmacovigilancia
El Centro Nacional de Farmacovigilancia tiene un papel estratégico en la estructura de la farmacovigilancia en España. Este centro se encuentra integrado dentro de la AEMPS y es responsable de coordinar las actividades del SEFV-H a nivel nacional e internacional.
Entre las funciones del centro destacan las siguientes:
- Recopilar y analizar la información de las reacciones adversas notificadas por los centros autonómicos de farmacovigilancia y por los laboratorios farmacéuticos.
- Elaborar informes periódicos de seguridad que se remiten tanto a organismos nacionales como internacionales.
- Detectar patrones o indicios que nos hacen pensar que un medicamento podría tener riesgos nuevos o que no esperábamos cuando las personas lo usan.
- Recomendar medidas de regulación en caso de detectar problemas graves de seguridad, que pueden ir desde la modificación del prospecto hasta la suspensión de la comercialización de un fármaco.
- Fomentar la formación e información entre profesionales sanitarios y la ciudadanía para una mejor detección y notificación de reacciones adversas.
Es importante que el Centro Nacional de Farmacovigilancia participa en comités científicos de la EMA y en grupos de trabajo internacionales, lo que le permite estar al día de las tendencias en farmacovigilancia y adaptar rápidamente las decisiones nacionales a los cambios internacionales.
Durante crisis sanitarias, como la pandemia de COVID-19, el Centro Nacional de Farmacovigilancia desempeñó un papel fundamental, ya que se encargó de vigilar de cerca la seguridad de las vacunas y los medicamentos que se estaban usando.
Además, el centro colabora con universidades, centros de investigación y asociaciones de pacientes, promoviendo estudios y proyectos que contribuyan a una mejor comprensión de los riesgos y beneficios de los medicamentos.
Entender qué es la farmacovigilancia y el papel central del Centro Nacional de Farmacovigilancia es clave para apreciar el gran esfuerzo que hay detrás de cada medicamento que compramos. La seguridad de los tratamientos no es algo que se garantice solo al principio; es un trabajo constante y colaborativo que se mantiene a lo largo del tiempo gracias a una vigilancia ininterrumpida.
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En este contexto, la formación continua juega un papel clave. Solo a través de una educación adecuada y actualizada es posible garantizar que médicos, farmacéuticos, enfermeros y otros profesionales del ámbito sanitario estén capacitados para detectar, valorar y comunicar de forma eficaz cualquier sospecha de reacción adversa a medicamentos.